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9 de julio, dia de la Independencia.
"Desde la más remota antigüedad hasta nuestros días, la historia de los siglos y de los tiempos nos enseña cuánto aprecio han merecido todos aquéllos que han puesto el cimiento a alguna obra benéfica a la humanidad."
11.07.2010 | Renée Larsen.
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Cuando se acerca el bicentenario del acto de nuestra efectiva Independencia es bueno recordar a aquellos padres de nuestra patria en su dimensión extraordinaria y escasa actualmente.

1815 había sido un año de crisis para el régimen revolucionario nacido en mayo de 1810 en la ciudad de Buenos Aires.

Motines militares, golpes de estado y cambios de gobierno habían ido llevando a una situación muy complicada al gobierno de las Provincias Unidas que seguían sin ser una nación.
 
La ciudad puerto, la que había dado a América el grito de Libertad en Mayo, no tenía ahora las respuestas que la expectativa genuina de los pueblos de las provincias requería. Las provincias que, mientras entregaban generosas a sus hijos a la causa de la independencia en los ejércitos patrios, veían sus economías regionales languidecer no únicamente producto de la guerra, sino más aun por obra de la política centralista del puerto, que se enriquecía con el comercio inglés, sin atender al interés general de los pueblos del interior. El régimen virreynal parecía subsistir.
 
La revolución americana aparecía, en esa instancia, sin futuro. Una gran expedición al mando de Morillo se preparaba en España.
 
Las provincias clamaban contra la indiferencia a los destinos de la revolución de los porteños y por la apatía ante los enemigos español y portugués, que amenazaban por la fuerza de las armas a la integridad territorial y a la soñada independencia .
 
Buenos Aires, en su euforia mercantilista, no deseaba ver nada de todo esto, disfrutaba de las mieles de la riqueza propuestas por el intercambio comercial con Gran Bretaña, y parecía más predispuesta a desentenderse del destino de las provincias hermanas que a fundar la gran nación americana propuesta por los padres desde mayo.
 
Cuando estimamos esta situación, apreciamos entonces en su real dimensión y grandeza las cualidades de los diputados que se reunieron en el histórico Congreso en Tucumán.
 
Encontramos allí a los representantes de los pueblos que hicieron la Independencia americana desde la obra de gobierno y en los campos de batalla: De Jujuy, Salta, Tucumán, La Rioja, Catamarca, Santiago del Estero, Mendoza, San Juan, San Luis, Buenos Aires, Córdoba, Charcas, Cochabamba, Tupiza y Mizque, (no alcanzaron a concurrir los del litoral y la Banda Oriental de Artigas por las desinteligencias con el gobierno porteño), lo que nos da una visión del alcance y magnitud del territorio que se proponen reunir y gobernar en las Provincias Unidas.
 
Desde un primer momento se planteó la lucha que distingue a los proyectos basados en el bien común, y los que solo persiguen beneficios particulares al servicio de las fuerzas opuestas.

Porque ha sido esta una lucha presente en nuestra historia desde el primer día.

"Desde la más remota antigüedad hasta nuestros días, la historia de los siglos y de los tiempos nos enseña cuánto aprecio han merecido todos aquéllos que han puesto el cimiento a alguna obra benéfica a la humanidad."
Explicado en palabras de Manuel Belgrano  o  "...sólo me consuela el convencimiento en que estoy, de quien siendo nuestra revolución obra de Dios, él es quien la ha de llevar hasta su fin, maniféstándonos que toda nuestra gratitud la debemos convertir a su Divina Majestad y de ningún modo a hombre alguno."
 
El convencimiento de un hombre de que su obra y esfuerzo serían gratos si estaban puestos en el bien de los pueblos y una obra trascendente, nunca en intereses egoistas.
Más pronto o más tarde esto se derrumba y permanece solo aquello que ha sido obra de lo bueno.
Lo sabían nuestros grandes hombres, los padres de la patria, y aunque parezca actualmente extraviado, ese espíritu perdura y su recuerdo nos fortalece.
 

Estos fueron aquellos diputados reunidos en Tucumán:

 

Francisco Narciso de Laprida, Diputado por San Juan, Presidente
Mariano Boedo, Vice Presidente, Diputado por Salta
Dr. Antonio Sáenz, Diputado por Buenos Aires
Dr. José Darragueira, Diputado por Buenos Aires
Fray Cayetano José Rodríguez, Diputado por Buenos Aires
Dr. Pedro Medrano, Diputado por Buenos Aires
Dr. Manuel Antonio Acevedo, Diputado por Catamarca
Dr. José Ignacio de Gorriti, Diputado por Salta
Dr. José Andrés Pacheco de Melo, Diputado por Chibchas
Dr. Teodoro Sánchez de Bustamante, Diputado por la Ciudad de Jujuy y su territorio
Eduardo Pérez Bulnes, Diputado por Córdoba
Tomás Godoy Cruz, Diputado por Mendoza
Dr. Pedro Miguel Aráoz, Diputado por la Capital del Tucumán
Dr. Esteban Agustín Gazcón, Diputado por la Provincia de Buenos Aires
Pedro Francisco de Uriarte, Diputado por Santiago del Estero
Pedro León Gallo, Diputado de Santiago del Estero
Pedro Ignacio Rivera, Diputado de Mizque
Dr. Mariano Sánchez de Loria, Diputado por Charcas
Dr. José Severo Malabia, Diputado por Charcas
Dr. Pedro Ignacio de Castro Barros, Diputado por La Rioja
Licenciado Gerónimo Salguero de Cabrera y Cabrera, Diputado por Córdoba
Dr. José Colombres, Diputado por Catamarca
Dr. José Ignacio Thames, Diputado por Tucumán
Fray Justo de Santa María de Oro, Diputado por San Juan
José Antonio Cabrera, Diputado por Córdoba
Dr. Juan Agustín Maza, Diputado por Mendoza
Tomás Manuel de Anchorena, Diputado de Buenos Aires
José Mariano Serrano, Diputado por Charcas, Secretario
Juan José Paso, Diputado por Buenos Aires, Secretario.
 
 
 
JURAMENTO.
Por último el 19 del mismo mes se acordó la fórmula del juramento que debían prestar los diputados, y todas las corporaciones; y el 21 reunidos en la sala de sesiones, con la presencia del gobernador el clero autoridades y ciudadanos, se verificó el juramento cívico de la independencia del país en los términos siguientes.
 
 
Juráis por Dios Nuestro Señor y esta señal de cruz, promover y defender la libertad de las Provincias Unidas en Sud América y su independencia del rey de España Fernando VII, sus sucesores y metrópoli y toda otra dominación extranjera? ¿Juráis a Dios Nuestro Señor y prometéis a la patria el sostén de estos derechos hasta con la vida, haberes y fama? Si así lo hiciéreis Dios os ayude, y si no, él y la patria os hagan cargo.
 
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